Desde la página https://bibliotecajag.blogspot comparto algunos cuentos de «Los imposibles» de Ema Wolf

Cuento» El señor Lanari
A las 9 de la mañana del domingo el señor Lanari empezó a destejerse. Y fue así:

Como todos los días, antes de salir de su casa, se despidió de su perro Firulí con un abrazo y un beso en el cachete.
Pero esta vez —¡oh!— una hebra de su gorro de lana quedó atrapada entre las mandíbulas de Firulí. Ninguno de los dos se dio cuenta.
El señor Lanari cruzó el jardín y llegó a la vereda.
Como Firulí rara vez se molestaba en abrir la boca, la hebra de lana tampoco zafó de entre sus dientes.
¡Y fue ahí justamente cuando el señor Lanari empezó a destejerse!
Por suerte era domingo. A medida que se alejaba de su casa, el destejido avanzaba.
Camina que te camina. Desteje que te desteje. Detrás de él iba quedando un tallarín de lanas de colores cambiantes.
El señor Lanari se sentía cada vez más disminuido: cuando paró en la esquina de la confitería para comprar merengues ya se había destejido todo por arriba.
Encima del bolsillo del chaleco ¡no había nada!
Así siguió.
Punto por punto, paso a paso, el destejido avanzó hasta la cintura. Y más. Y más abajo.
Por suerte era domingo, porque todos los domingos iba a visitar a su abuela.
Cuando llegó a la puerta de la casa de su abuela, en el lugar donde debía estar el señor Lanari sólo quedaban las medias que también habían empezado a destejerse.
Cuando la abuela lo vio, dijo: “¡Pero qué barbaridad!”.
Entonces agarró un par de agujas, ensartó los puntos sueltos de las medias y desde allí empezó a tejerlo de nuevo.
Todo.
Completo.
Tejió al señor Lanari de pies a cabeza. Cuando llegó al gorro, naturalmente apareció Firulí con la punta de la hebra todavía en la boca. Sólo la abrió cuando los tres se sentaron a comer merengues.

FIN

Cuento» La familia invisible

Había una vez un señor y una señora invisibles. También una linda nena invisible. En suma: una familia.

Vivían en Boulogne. Apenas llegaron al barrio, los vecinos tuvieron que acostumbrarse a algunas cosas que eran raras sólo en apariencia: la máquina de cortar el pasto funcionaba sola; la bicicleta se mantenía parada en medio de la vereda. Todo el mundo reconocía a los invisibles por el perfume y por el perfume los saludaba en el barrio.

La familia tenía siempre un rico olor a talco de azucenas.

Cuando alguien olía venir las azucenas, saludaba hacía allí sin ninguna duda:

—Buenas tardes.

—Buenas tardes —respondía alguno de los invisibles: la mamá, el papá, la nena…

Cuando llegó el mes de septiembre, florecieron las azucenas en los jardines. Entonces hubo algunos días de confusión.

Sin querer, los vecinos dejaron de saludarlos. O saludaban al aire creyendo que los invisibles estaban allí.

Ni bien se dieron cuenta del error, reemplazaron discretamente sus azucenas por portulacas, que no huelen a nada.

Pero en marzo los vecinos notaron algo diferente.

Un cierto aroma a humedad, a zorrino joven, a pelele en día de estreno, a zoológico recién inaugurado, aleteaba por la vereda mezclado con el olor a talco de azucenas.

El barrio entendió enseguida.

Se alegraron mucho y felicitaron sinceramente a la familia.

El nuevo bebé invisible tomaba leche de una teta invisible, pero en todo lo demás era igual a los otros bebés.

FIN

Cuento» El centauro indeciso

Casi llegando a Dolores yo vi un centauro.

Estaba parado a cincuenta metros de la ruta.

Mitad hombre, mitad caballo.

Mitad caballo, mitad hombre.

El centauro quería comer porque era pasada la hora de la merienda.

A su derecha se extendía un campo jugoso de alfalfa fresca.

A su izquierda, un puesto de choripán.

—¿Qué como? —dijo—. ¿Alfalfa o choripán? ¿Choripán o alfalfa?

Dudaba.

Y tanto dudó que se fue a dormir sin comer.

—¿Dónde duermo? —dijo—. ¿En una cama o en un establo? ¿En un establo o en una cama?

Dudaba.

Y tanto dudó que se quedó sin dormir.

Mucho tiempo sin comer y mucho tiempo sin dormir, el centauro se enfermó.

—¿A quién llamo? —dijo—. ¿Al médico o al veterinario? ¿Al veterinario o al médico?

Dudaba.

Y tanto dudó que se murió.

—¿Dónde van los centauros cuando mueren? —me dije entonces yo.

Y como no lo sé, agarré y lo resucité.

FIN

Cuento» Carta de Drácula a su Tía

Querida tía Brucolaca:

¡Cuánta razón tenían vos y el tío Malmuerto cuando me decían que nunca me asomara de día fuera del castillo!

Te cuento:

El jueves puse el despertador a las doce de la noche, como siempre, y sonó a las doce del mediodía.

¡Qué desgracia!

Un rayo de sol me dio en plena cara y cuando quise acordarme, me había llenado de pecas.

¡Sí, tía! Oíste bien: ¡PECAS!

Es común que eso le pase a los mortales. Pero, como te imaginarás, es terrible para la gente como uno.

Ahora los muchachos se ríen y me gastan. Boris, Vampirofredo y el Bebe Colmillo no quieren salir más conmigo de noche. Dicen que soy un quemo.

Por favor, titíta: mandame ciento veinte pomos de Pecasín y una crema para la napia que se me peló un poco.

No te demores. Voy a quedarme encerrado hasta que recupere mi saludable color verdoso.

Un beso de tu sobrino que te adora,

Drácula

FIN

Te recomiendo que los leas… Seguro que te van a gustar!!!

Ver «Luis Pescetti – Juego de mesa con vasos» en YouTube

Te animás?… Dale… invitá a alguien de la familia y… jugar!!!

«Chicos… las brujas no existen» de María Inés Falconi

Muy bueno!!!

Ver «PIM PAU • LOS OPUESTOS (Juego Canción)» en YouTube

LOS OPUESTOS (Juego Canción)
Una canción para jugar con las palabras y su inmensa gama de posibilidades, para que la tomen y la adapten a términos y sonidos de su propio mundo.

Una canción súper divertida!!!

Ver «Como Hacer Gigante Circuito de Carreras para Canicas de cartón» en YouTube

Genial!!!